Recordar para vivir, mejor

El estado de nuestra alma sale a relucir cuando por cualquier razón se rompe nuestra rutina. ¿Y ahora? ¿Qué Harás? Cuando la vida te hace un párate, una buena idea es desarrollarte en la escritura de tu vida.

Los filósofos han elevado siempre la importancia del autoconocimiento. Un camino importante para adentrarnos en él es elaborar un libro de nuestra vida en el que registremos nuestros acontecimientos más importantes, que incluso podemos complementar y sustentar con fotos, música y videos. De seguro sentiremos emociones muy valiosas al revisar nuestro cada cierto tiempo.

Lo que vivimos queda en nosotros en formato de recuerdos. La muerte es una gran incógnita. Es prácticamente seguro que lo material no los podremos llevar, pero lo inmaterial tal vez sí. Por eso, no sólo para vivir mejor, incluso más allá de nuestra vida, atesorar nuestras memorias es una buena inversión de tiempo. Lo vivido es todo. Lo no vivido es enigma.

Algunas veces nuestros recuerdos son destrozados por nuestra mente y se vuelven irreconocibles. Allí nos puede invadir la intriga por no saber qué cosas no podemos rescatar. Cuando nos dedicamos a recordar también nos puede sobrevenir una melancolía por tantas cosas maravillosas que hemos experimentado y que se perderán con nosotros, aunque si las escribimos, esto tal vez no ocurra, ya que abrimos la posibilidad de permanecer de alguna manera.

Somos campos en donde han ocurrido actos de muchos tipos, de amor y de guerra, por los que han pasado tantas vidas, algunas permanecen, otras tantas se habrán ido. En lo venidero también nos iremos nosotros, dejaremos de ser campos, posiblemente nos transformaremos en ríos.

Comunicador Social (UCAB). Editor de textos (Universidad Complutense de Madrid). Colaborador en varios medios de comunicación.

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