Historias de taxistas y mototaxistas de Caracas

Trabajo realizado para la Revista 20 Mundos:
 

Este no es un hotel

Me llamo Kelvis, trabajo como taxista en esta línea del centro comercial desde hace varios años. Soy caraqueño. Tengo en la parte de atrás de los apoyacabezas delanteros dos carteles que dicen: “Prohibido fumar, beber y hacer actos indecentes”. Sin embargo, hay personas que pasan todo el día en la oficina o en el centro comercial y quieren agarrar el taxi como hotel y hacer todo lo que les da la gana. Una noche se subió una pareja y me pidieron que los llevara a un club por la carretera Panamericana. Desde que se sentaron comenzaron a besarse sin parar, hasta se empañaron los vidrios. Les dije que esperaran a llegar a su destino, y la muchacha se molestó, y me respondió a los gritos que ellos estaban pagando un servicio. Le contesté que era cierto, pero que era un servicio de traslado, que no estaban pagando un servicio de hotel o de habitación. Ella se molestó más y se subió sobre las piernas del tipo. Cuando vi eso, decidí bajarlos del auto y dejarlos en plena autopista. Así lo hice.

Quedé como loco

Mi nombre es Henry. Trabajo como mototaxista. Me han pasado muchas cosas desde que estoy en esta profesión. Hace poco subí a un pasajero que era un ladrón, y cuando íbamos en plena vía me dio un cachazo en la cabeza, y quedé como loco. Me dijo que me orillara y dejara pegadas las llaves de la moto. Casi nos matamos porque por el golpe quedé mareado, con la suerte de que tenía unos policías atrás y lo agarraron. Eso es Caracas, de hecho, ahora acabo de pasar por la Policía de Baruta en donde había una manifestación porque mataron a un estudiante y sus compañeros estaban protestando. Cuando pasé, me confundieron con un policía y me lanzaron una botella que menos mal que no me pegaron.

Un milagro, bueno, dos

Soy Teodoro y trabajo como taxista desde 1994. Comencé porque antes trabajaba en una empresa que me pagaba 1400 bolívares mensuales, hasta que un día me pidieron el favor de hacer una carrera desde Caracas hasta la playa, y por eso me pagaron 600 bolívares. Allí pensé que más me valía trabajar por mi cuenta como taxista.

Hace unos años, unos señores que parecían evangélicos, porque llevaban libros bajo los brazos, me pidieron que los llevara y que les bajara el precio lo más posible. Yo, de noble, les dije que sí. Se subieron, y en breve me pidieron que detuviera el auto porque el señor que estaba allí era su tío y lo querían llevar. Sospeché, porque ellos eran blancos y este tío era negro. Igual les dije “si es su familia móntelo”. Cuando este hombre se subió y cerró la puerta me dio un escalofrío. De pronto, uno de ellos me dijo: “Tranquilo viejo (cambió por completo el tono respetuoso con el que me venían hablando), esto es un atraco”.

Como era la primera vez que me pasaba, levanté las manos. Me pidieron que las bajara inmediatamente y que aparcara. El que me había pedido rebaja haciéndoselas del angelito, me apuntó a la cabeza. Comenzaron a revisar el auto, y cuando vieron una biblia que tenía en la guantera les dije: “No se metan con eso que es sagrado”. Me gritaron que me callara o me metían una granada en la boca. Me ataron las manos por atrás con las trenzas de mis zapatos y me vendaron los ojos con mi pañuelo. Me rasgaron la camisa para que pareciera un malandro más o un loco. Me puse a rezar porque vi la muerte cerquita. Recordé a todos mis familiares. Me lanzaron a la calle. Como no podía ver, sentía que los autos me pasaban por al lado. Les pedía auxilio, pero nadie se paró. Hasta que tropecé con unas vigas y con ellas me pude desatar las manos. Corrí a un hotel que estaba cerca y un taxista me ayudó. Un milagro.

Hice una denuncia en la policía y coloqué por donde pude un cartel que decía que daría una recompensa si encontraban un coche, porque esa era mi única fuente de trabajo. Una semana después, cuando ya no tenía esperanzas, estaba desayunando con mi mujer preguntándonos de qué íbamos a vivir, me llamó la policía porque el carro había aparecido. Otro milagro.

Cariñitos

Me llamo Boris, tengo 33 años y soy mototaxista. Un día un muchacho me pidió que lo llevara, estaba vestido de forma estrafalaria. Cuando se subió, me preguntó si quería escuchar música. Le dije que sí. Sacó sus audífonos y me puso en uno de mis oídos la canción de “Living la vida loca” de Ricky Martin. Cuando íbamos en plena marcha esquivando los autos porque había tremendo embotellamiento, comencé a sentir que el pasajero comenzó a agarrarme la cintura, y me recostó el mentón en la espalda y lo movía suavemente. Aparqué inmediatamente. Le di su audífono y le pregunté qué le pasaba. Me respondió: “¿No te gusta que te den cariñitos?”. Me subí a mi moto y allí lo dejé, en plena Av. Libertador.

Curiosidades

  • En Venezuela los taxistas no trabajan con taxímetro, sino acuerdan con el pasajero la tarifa según el destino. Siempre se puede negociar con ellos para bajar el precio.
  • Los taxistas son muy caros a pesar de que en Venezuela la gasolina es barata.
  • Los mototaxistas surgieron hace aproximadamente dos décadas y son cada vez más comunes debido al gran tráfico de Caracas, sobre todo a las horas pico. No es muy seguro andar en ellos porque van muy rápido y no respetan las normas de tránsito, aunque muchas veces son la única alternativa para llegar a tiempo.

Comunicador Social (UCAB). Editor de textos (Universidad Complutense de Madrid). Colaborador en varios medios de comunicación.

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